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viernes, julio 17, 2015

Diez días con el iWatch


Desde el día que colgué en Twitter y Facebook la foto estrenando el iWatch no he parado de recibir mensajes preguntándome si merece o no la pena comprarlo. A todos les dije lo mismo: “espera diez días y te cuento”.

Diez días después de atravesar la puerta de la Apple Store de Palo Alto con una sonrisa de oreja a oreja, comparto con vosotros mis primeras experiencias.



Su diseño me parece bonito, discreto (si bien lo puedes combinar con pulseras de todos los colores…que por cierto, son un gran negocio para Apple) y ligero (pesa muy poco, pero es que yo estoy acostumbrado a llevar relojes grandes). Quizás por eso lo que menos me gusta es el tamaño de la pantalla; tengo el grande (42mm) pero me hubiera gustado que fuera un poco mayor. Me he comprado el de aluminio con la correa negra porque considero que sobre todo lo usaré cuando trabajo, de ahí que haya optado por una opción discreta y a la vez deportiva.

Sus principales puntos fuertes: me encanta la nitidez de su pantalla retina y la usabilidad del dispositivo.  En quince minutos lo manejas como si llevara contigo toda la vida. La idea de Apple de instalar una “corona” confiere al iWatch aspecto de reloj pero sobre todo es ideal para no tener que poner tu dedazo en la pequeña pantalla: puedes hacer el scroll con la corona y la usabilidad es estupenda. Además de la corona Apple ha introducido un concepto llamado “Force Touch” que distingue entre  una pulsación normal de la pantalla (un “toque”) y una presión más fuerte (pudiendo así llevar a cabo diferentes funciones). Por cierto, también me ha gustado el discreto modo en el que te “avisa” con una ligera vibración que sientes en tu muñeca.

Pero más allá de la estética y la usabilidad, vayamos al grano. ¿Para qué sirve un iWatch? Yo he encontrado una funcionalidad que ya justifica mi compra: poder pasar las diapositivas de mis Keynotes sin recurrir al clásico dispositivo tipo puntero. Algo que además no podía usar si corría mi KeyNote desde el iPad o desde el iPhone. Pero lógicamente, tiene que ser algo más que un “puntero” de 500 euros.

Con respecto al resto de apps he de comentar que las “nativas” desarrolladas por Apple funcionan de maravilla, pero que las apps desarrolladas por terceros están aún verdes. Supongo que con el paso de las semanas los desarrolladores aprenderán a optimizarlas. Muchas de ellas me han parecido muy lentas (es una sensación rara quedarte absorto mirando tu reloj durante más de diez segundos mientras carga algo). Al ser el iWatch un “satélite” de tu iPhone (la nave nodriza) la comunicación es vía Bluetooth y algunas aplicaciones son (por ahora, espero) demasiado lentas.  También he notado que me “impaciento” más con el iWatch que con el iPhone (al cual no se por qué pero tolero más la lentitud al realizar ciertas operaciones). Me dicen que esto se resolverá con la llegada del nuevo sistema operativo (WatchOS 2) en cuanto termine el verano. Afortunadamente para mí me voy de vacaciones y no voy a meterle mucha tralla…

Me ha gustado mucho la posibilidad de recibir notificaciones en tu iWatch (mensajes, llamadas, emails…). No tienes que andar sacando tu teléfono para leerlas, con lo cual ahorras tiempo; sobre todo porque el teléfono te distrae (“entretiene” demasiado). ¿Qué haces cuando te vibra el móvil en el bolsillo? Lo sacas….miras….abres el whatsapp…quizás respondes…y ya que estás…revisas el email…quizás el Facebook, Instagram….la bolsa…. Te “descentra” de lo que estás haciendo cuando te llega la “alerta”. Pues con el iWatch no pasa. Simplemente ves que tienes un mensaje…lo lees….y sigues con lo tuyo con más facilidad que cuando sacas del bolsillo el móvil y el efecto “yaque” te la juega (“ya que” tengo el móvil en la mano….). Por cierto, es más “discreto” girar la muñeca cundo vibra y mirar de reojo (para ver de qué va la alerta) que sacar el móvil del bolsillo (lo digo porque molesta cuando estás en una reunión con alguien que saque su móvil cuando le vibra). O por ejemplo, con el iWatch evitas “poner el iPhone encima de la mesa” (algo muy típico en las reuniones) por si me “entra algo” (lo que a veces es una falta de respecto para con tus interlocutores; una especio de “lo que me puede venir es más importante que lo que tú me puedes contar”).

Solo con la discreción que te aporta el iWatch, ya merece la pena.

Otra cosa que me ha gustado (aunque para muchos sea una tontería): la app que me obliga a levantarme cuando llevo mucho tiempo sentado, que mide el tiempo diario que he estado de pie, las calorías que he quemado, etc. Estas métricas las representa en unos anillos concéntricos  de colores que te permiten, en un vistazo, ver cómo va tu día en cuanto a ejercicio (hombre, los que hacen deporte todos los días no necesitan esta aplicación, pero para los que tenemos una actividad en ocasiones sedentaria nos viene muy bien)

Eso si, para los deportistas se me antoja ideal el iWatch. Al margen de todo tipo de aplicaciones para medir tu rendimiento puedes almacenar música y escucharla con auriculares Bluetooth sin tener que llevar tu iPhone. También te permite manejar la música de tu móvil (lo puedes llevar en la mochila y cambiar de canciones, hacer un pause, etc. sin sacarlo).

Las utilidades relacionadas con la movilidad son su otro punto fuerte: desde seguir con el reloj tu trayecto con los mapas hasta llamar a un Uber o localizar un restaurante con Tripadvisor. Además, la excelente calidad de la pantalla retina contribuye a que estas funcionalidades sean geniales. Hasta ahora siempre he sido de “Google Maps” pero con el iWatch empezaré a probar los mapas de Apple. Además te va indicando la ruta mediante “vibraciones” para evitar tener que caminar con el móvil en la mano. Y siempre puedes girar tu muñeca y ver la ruta en la pantalla.

También estoy empezando a sacarle juego a Siri. Pero ya me han vacilado un par de veces cuando me han pillado “hablando al teléfono” (“¡Qué! ¿Llamando a Kit?”). Está bien para escribir citas rápidas en tu agenda o notas sin tener que meter la mano en el bolsillo para sacar tu móvil.  O para marcar un teléfono cuando conduces. También tiene un altavoz para mantener conversaciones.., pero aún no lo he probado (el efecto “Kit” me ha retraido)

Con respecto a la batería….los primeros días acababa muerta. Claro, todo el día jugando, probando…. Pero ahora me llega al fin de la jornada con un 30% o más.  Cierto, hay que cargarlo todas las noches. Cierto, otros wearables durán más. Pero seguro que no hacen lo que hace el iPhone (con esa pantalla tan maravillosa, nitidez, etc.).

¿Esperar a nuevas versiones? Creo que el iWatch como “máquina” es excelente (calidad de imagen, funcionalidad, estética) y que lo que ha de mejorar es la funcionalidad de las aplicaciones (pero para los desarrolladores será cuestión de semanas)

Compré el primer iPhone; el primer iPad lo reservé el mismo día en que Steve Jobs lo presentó; no podía dejar de comprar el iWatch en cuanto saliera. Y despue´s de diez días estoy muy contento con él. Pero reconozco que cuando compré mi iPhone 1 o mi iPad 1…estaba “encantado y emocionado”. ¿Merece la pena? Yo sinceramente creo que si. Desde el punto de vista racional, ahorra tiempo, ganas discreción al no tener que andar sacando el teléfono o poniéndolo encima de la mesa, te facilita muchas funciones que desarrollas a lo largo del día; está genial para ir a correr, andar en bici, etc.… Y desde el punto de vista emocional… si eres “Apple” tienes que comprarlo si o si.

De todas formas, una vez que Apple ha puesto a la venta su iWatch…el fenómeno será imparable. De aquí a un año, la mayor parte de vosotros tendrá un reloj wearable (sea cual se marca).




jueves, enero 08, 2015

Miopía amarilla

Recientemente ha llegado a nuestro país el primer tren de la línea férrea más larga del  mundo. Veintiún días para recorrer 13.052 kilómetros siguiendo la ruta de la seda entre Yiwu, en China y Madrid transportando 82 contenedores cargados con cajas de juguetes, relojes, zapatos, ropa…

Todavía son muchas las personas que cuando piensan en China les viene a la mente esa imagen: contenedores llenos de productos manufacturados en la fábrica del mundo.

Nada más lejos de esa realidad. Pensar en China como “la fábrica del mundo” es un síntoma de miopía amarilla.

China no es sólo el líder mundial del comercio (en 2012 superó por primera vez a los Estados Unidos  con 3,87 billones de dólares frente a los 3,82 norteamericanos), ni la primera potencia económica mundial (en 2014 superó a USA en P IB por paridad de poder adquisitivo, PPA con el 16,5% del PIB mundial frente al 16,3% de Estados Unidos).  China es ya el segundo mercado de consumo más grande del mundo (en 2012 desplazó a Japón de esa posición) y crece más que ningún otro país. En los próximos cinco años superará a los Estados Unidos (según un informe de Standard & Poor´s) y se convertirá en el principal consumidor del planeta.

Cada año decenas de millones de chinos se mueven hacia las ciudades adoptando hábitos de consumo de las clases medias, lo que ha convertido a China en el mayor consumidor del mundo en determinadas categorías de producto: zapatos, electrónica, joyería, etc.

Las ciudades chinas crecen de manera espectacular mientras que las occidentales se encuentran estancadas. Para 2020 tendremos en China 400 ciudades con 250.000 habitantes de clase media (y 50 de estas ciudades superarán el millón de habitantes de clase media). Para entonces tendremos ya en China 800 ciudades cuya renta media de sus habitantes será superior a la renta media actual de los residentes hoy en Shanghái.



Cada año aproximadamente 30 millones de chinos se incorporan a la clase media-alta.  En 2010 había en China 10 millones de personas de clase alta y en 2020 serán más de 70 millones. La clase media, que en la actualidad es de más de 300 millones, superará los 600 millones al finalizar esta década. El consumo privado crece a un ritmo del 9% anual, alimentado por el crecimiento de la renta disponible, tanto de las familias más ricas como también de las más pobres.

Esta clase media china ha descubierto el turismo y las grandes áreas comerciales de las principales ciudades del mundo (New York, Londres, París, Milán..) se inundan con turistas chinos que arrasan en las tiendas de lujo. Tiffany en New York ha reforzado su plantilla con vendedores especializados en clientes chinos. Solo en 2013 los turistas chinos gastaron en sus visitas por el mundo 100.000 millones de dólares (dejando atrás los 80.000 millones que gastan los alemanes o los estadounidenses cuando salen de sus respectivos países).

Más allá del mercado de consumo, crecen las empresas B2B en sectores tecnológicos y algunas empresas chinas se han posicionado como líderes mundiales en sectores como palas de turbinas eólicas, paneles solares, equipos de alta velocidad ferroviaria, calderas de vapor, grúas en terminales portuarias, equipo eléctrico de transmisión, etc.

 Y las empresas chinas dedicadas a las TIC avanzan con paso firme en su objetivo de dominar el mundo, desde los ordenadores personales hasta los smartphones. Lenovo es el mayor fabricante mundial de PC´s y recientemente ha comprado la unidad de negocio de servidores de IBM (hace años comenzó su expansión internacional comprando la división de portátiles). Y a Google le ha comprado Motorola, el referente estadounidense en el mundo de la telefonía.

Huawei es ya el segundo mayor proveedor de equipos de redes de telecomunicaciones del mundo. Xiaomi (la llamada “Apple China”) hace furor con sus teléfonos y tabletas, tanto en China como más allá.

El buscador más utilizado no es Google. La inmensa mayoría de los chinos usan Baidu.

Mientras que la mayoría de gente fuera de China apenas ha oído hablar de Alibaba, este grupo controla  8 de cada 10 pedidos online en el gigante asiático que, en el último año, alcanzaron un volumen de 296.000 millones de dólares. Entre abril y junio de este año sus ventas crecieron un 46% y su benefició casi se triplicó, impulsado por unas perspectivas de crecimiento espectaculares debido a la gran penetración en China de los móviles e Internet.

Algunos de sus portales (como Taobao.com y Tmall.com) están entre las 20 páginas más visitadas del mundo, según Alexa. Sus tentáculos llegan prácticamente a todo: han adquirido el explorador de Internet para móviles UCWeb, el más utilizado en China, y se han hecho con participaciones en Weibo (similar a Twitter), Autonavi (sistema de navegación), Youku (el Youtube chino) y hasta en el equipo de fútbol chino Guangzhou Evergrande, que en 2013 ganó el equivalente a la Liga de Campeones en Asia.

Su estreno bursátil en 2014 ha sido el mayor en la historia de Wall Street y a escala mundial, después de que los seis bancos que dirigieron la oferta pública de venta ejercieron su derecho de compra sobre unos 48 millones de títulos adicionales, elevando el importe captado por Alibaba en Wall Street hasta los 25.000 millones de dólares (la mayor OPV de la historia). En el número dos mundial seguirá por el momento otra empresa asiática: el Agricultural Bank of China, que en 2010 captó unos ingresos de 22.100 millones de dólares. Alibaba ya vale más que Facebook, casi tanto como IBM o JP Morgan (el mayor banco de USA) y cuatro veces má que General Motors (el segundo mayor fabricante de automóviles mundial).

Alibaba simboliza el auge del comercio electrónico en China, que en pocos meses será el mayor del mundo. Se espera que en 2020 el volumen de comercio electrónico en China sea mayor que el de Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Alemania y Japón….combinados.


Si cuando escuchas hablar de China sigues pensando en una fábrica con 25.000 empleados cosiendo zapatillas de deporte, tienes miopía amarilla.

martes, diciembre 16, 2014

¿Está china liderando el mundo de la innovación?

"China está liderando el mundo en innovación". Ese era el titular de un trabajo de Thomson Reuters.  Las personas y empresas que llevamos tiempo trabajando en China hemos alucinado con ese titular. Tanto como si nos dicen que  España lidera el mundo de la ética en política (simplemente por haber creado un portal de transparencia en Internet).

¿A qué se debe ese titular tan llamativo? El informe de Thomson Reuters destaca el sorprendente aumento de las patentes registradas en el país. En 2010 las empresas chinas presentaron más o menos el mismo número de solicitudes de patentes  que sus competidores de Japón y USA. Pero en 2013 la cifra china se ha duplicado. Pero una cosa es patentar y otra innovar. Consultando el registro de patentes podemos afirmar que los chinos son líderes mundiales patentando. Pero cuando trabajas con empresas chinas, cuando formas a directivos de esas empresas y hablas de innovación, te das cuenta que China está aún muy lejos de competir, no ya con Silicon Valley, sino con Europa en esta materia.


Hace unos años me sorprendió ver un slogan del gobierno chino que, junto a la palabra patriotismo, incluía el término innovación.  En los últimos tiempos hemos observado una presencia del concepto innovación en los mensajes de los líderes chinos y sobre todo, un creciente incremento de infraestructura relacionada con la innovación: incubadoras, parques tecnológicos, etc. No en vano en ESEUNE Business School nos hemos sumado a esa tendencia y a través de nuestra experiencia en el mundo de la innovación hemos consolidado nuestra presencia en China consiguiendo ubicarnos en un Parque Tecnológico, desarrollando una incubadora de startups, creando una joint-venture con el gobierno local, etc.

De todas formas, ¿a qué se debe ese incremento en el número de patentes?  No es que los chinos hayan descubierto su faceta creativa y emprendedora; es una reacción a una política del gobierno. Se debe al 12º Plan Quinquenal (la Biblia que dirige los negocios en China) que detalla el Plan Estratégico Nacional para el Desarrollo de Patentes, en el cual, “por decreto”, se establece que las empresas chinas deberán alcanzar los 2 millones de patentes en 2015 y que para ello se destinan todo tipo de subvenciones e incentivos (siempre hemos comentado a nuestros alumnos interesados en hacer negocios en China que el Plan Quinquenal ha de ser una referencia clave).

¡Dos millones de pantentes! Es una buena propuesta de intenciones, pero según los expertos la calidad de muchas de esta patentes está en duda, como se detalla en el artículo “Patent Fiction” de The Economist.  También hay alto porcentaje de patentes de segundo nivel (relacionadas con el diseño) con respecto a patentes realmente relevantes y disruptivas (inventos).  Los más críticos señalan que muchas de éstas últimas patentes, además, nos están a la altura de los estándares globales.  De ahí que los expertos prefieran medir el estado real de la innovación en China analizando el número de patentes que los chinos también presentan en oficinas de patentes extranjeras (que son más rigurosas y transparentes). Además, cuando una empresa china se toma la molestia de patentar a nivel internacional es porque realmente confía en el valor de su invento. Y en este caso, solo el 5% de las patentes registradas por empresas chinas en su país también fueron registradas en el extranjero (solo 1 de  cada 20, cuando por ejemplo 1/3 de las patentes que las empresas japonesas presentan en Japón también se patentan fuera).

Por otro lado, ese crecimiento en el número de patentes en China en los últimos años ha correspondido prácticamente en su totalidad a empresas locales, no a las divisiones chinas de las multinacionales allí ubicadas.

De manera que todo parece indicar que la explosión de patentes corresponde más a una orden política (China tiene como objetivo ser referente mundial en innovación en las próximas décadas) que a una verdadera eclosión innovadora por parte de las empresas. Las patentes están bien, son un indicador. Pero la innovación es mucho más y únicamente a base de patentar no se consigue una sociedad y una economía innovadora.


Es bueno para China que el país haya tomado rumbo hacia la innovación. Pero el recorrido que le queda por delante es enorme. Una economía innovadora se basa en una sociedad innovadora, en personas innovadoras.  Y ese es un problema que conocemos muy bien los que trabajamos en este campo en España.

viernes, diciembre 12, 2014

10 motivos para estudiar un MBA en China



  1. El gigante asiático no es solo el líder del comercio mundial, el máximo inversor internacional o el gran cliente para el mercado de lujo. China ha superado a Estados Unidos y se ha convertido en la primera potencia económica mundial en PIB por paridad de poder adquisitivo (PPA). El PIB a PPA permite la comparación entre países eliminando las distorsiones que generan los diferentes niveles de precios existentes entre ellos. Se tiene en cuenta el conjunto de bienes y servicios finales producidos en un país durante un año, pero en lugar de poner los precios de ese país se toman los precios de EEUU (si ponemos toda la producción final de China a precios de Estados Unidos, su PIB superaría ya al de USA)
  2. Si tenemos en cuenta las tasas de crecimiento de ambos países (si China sigue creciendo al 7% y EEUU solo al 3%) , el FMI estima que en 2019 el PIB chino alcanzará los 26,9 billones de dólares, superando los 22 billones previstos de Estados Unidos, y China se convertirá en la primera potencia económica mundial (nadie ha superado a EEUU desde 1872). Hace tan solo diez años se estimada que ese hito llegaría en algún momento antes del año 2050, pero todas las previsiones están siendo superadas. Sin duda el Siglo XX ha sido el “Siglo Americano” pero éste XXI es ya “El Siglo de China”. Cierto es que el crecimiento se ralentiza. En 2002 la economía crecía un 10% y ahora “solo” un 7%, pero el PIB actual es tres veces mayor que el de 2003 por lo que en términos absolutos la economía crece cada año más que cuando lo hacía con dos dígitos,
  3. China ha pasado de ser "la fábrica del mundo" a convertirse en el mercado más grande y de mayor crecimiento del planeta. El mercado chino supera ya los 300 millones de consumidores de clase media-alta (más que toda la población de EEUU) y en 2020 alcanzará la cifra de 800 millones superando a EEUU y la Unión Europea en conjunto.  Ningún mercado en el mundo puede generar más oportunidades para las grandes empresas que el chino.  En contra de lo que muchos creen, China no es un país exportador. En la actualidad las exportaciones netas de China son incluso negativas. La economía china es liderada por el consumo privado y la inversión.
  4. Cada año aproximadamente 30 millones de chinos se incorporan a la clase media-alta.  En 2010 había en China 10 millones de personas de clase alta y en 2020 serán más de 70 millones. La clase media, que en la actualidad es de más de 300 millones, superará los 600 millones al finalizar esta década. El consumo privado crece a un ritmo del 9% anual, alimentado por el crecimiento de la renta disponible, tanto de las familias más ricas como también de las más pobres.
  5. “Las ciudades de los triunfadores” (Beijing, Tianjin, Shanghai  Cantón y Hong Kong) concentran una buena parte del mercado actual (consumidores con recursos ávidos de productos y servicios occidentales), lo que facilita la introducción de marcas occidentales. Y estamos asistiendo ya al nacimiento de nuevas “ciudades de triunfadores” en los que surge una nueva clase media con capacidad de consumo en mercados vírgenes.
  6.  La política de hijo único ha creado una generación de jóvenes consumidores con mucho dinero (el llamado “pequeño emperador”). Sus padres son millonarios (y en China hay ya millones de millonarios) y estos jóvenes son apasionados compradores de tecnología, ropa, calzado, joyas, automóviles… El mercado de productos de lujo en China es el mayor del Planeta. Se estima que el 29% del total del ejercicio 2013 es este mercado correspondió a consumidores chinos. Esta clase media china ha descubierto el turismo y las grandes áreas comerciales de las principales ciudades del mundo (New York, Londres, París, Milán..) se inundan con turistas chinos que arrasan en las tiendas de lujo. Tiffany en New York ha reforzado su plantilla con vendedores especializados en clientes chinos. Solo en 2013 los turistas chinos gastaron en sus visitas por el mundo 100.000 millones de dólares (dejando atrás los 80.000 millones que gastan los alemanes o los estadounidenses cuando salen de sus respectivos países).
  7.  Cada vez son más las empresas occidentales que desarrollan estrategias orientadas hacia China. El tamaño del mercado y su potencial de crecimiento no escapan a la atención de muchas empresas. Pero éstas no encuentran profesionales con el conocimiento suficiente para desarrollar estrategias de éxito en China. Estudiar un MBA en China ayuda a conocer en primera persona las complejidades del mercado chino y las particulares características de su consumidor. Las empresas occidentales necesitan profesionales capaces de adaptar su estrategia de marketing al mercado local y entender las necesidades del cliente chino.  
  8. Por otro lado, la barrera del idioma es, en China, más “barrera” que en ningún otro país.  Es necesario tener conocimientos de chino para sobrevivir (sobre todo más allá de las “ciudades de los triunfadores”). Muchos negocios se realizan en inglés, pero el día a día requiere conocer el idioma (hablarlo bien es otra historia). Y es muy difícil aprender chino sin vivir en China y practicarlo a diario. Pero más allá del idioma la principal barrera para la comunicación es la cultura. Los chinos piensa, interpretan y actúan en base a parámetros diferentes a los occidentales. Sin comprender esa cultura es difícil adaptarse y tener éxito haciendo negocios en China. Y estudiar un MBA en China es una excelente forma de acercarse en primera persona a esa cultura.
  9. En ningún país del mundo crece tanto la demanda de titulados MBA. Mientras en Europa y en Estados Unidos ese crecimiento es muy bajo, en China las empresas demandan profesionales con conocimientos de marketing, finanzas, estrategia, operaciones, innovación, dirección de equipos, etc. China es un país donde tener un MBA marca grandes diferencias. Pero no solo las multinacionales europeas o norteamericanas buscan graduados MBA para expandirse en China. Ahora las empresas chinas como Alibaba, Lenovo, Xiaomi, etc. están reclutando graduados MBA en las Escuelas de Negocios chinas para sus planes de expansión por el mundo.
  10. No es de extrañar que las personas que desean formarse con el mejor MBA del momento busquen en China en lugar de hacerlo en Estados Unidos. Incluso el propio presidente ejecutivo del Consejo de Graduadosen Administración (GMAC), la organización que se encarga de las pruebas GMAT,Dave Wilson, ha dicho  que prefiere que su hijo estudiara un MBA en Chinaen lugar de en Harvard u otra gran escuela de negocios norteamericana. Y lo dice alguien que ha enseñado en Harvard y realizó su MBA en la Haas de Berkeley. "Ya sea que busques trabajar allá o en Estados Unidos, vas a descubrir que deberás lidiar con Asia, y sobre todo con China. Las personas que buscan los mejores MBA del mundo ya no lo hacen en Europa o en Estados Unidos: buscan en China. Un MBA en China es la puerta hacia el éxito profesional para muchas personas que desean aprovechar las oportunidades que surgen en el gigante asiático. Hace unos años estudiar un MBA exigía pasar por Estados Unidos para conocer la realidad y el enfoque de los negocios en la primera potencia mundial. Quiénes buscaban los mejores MBA del mundo pensaban en Harvard, Columbia, Stanford, MIT… Hoy el destino ha cambiado. 


ESEUNE Tianjin Business School es una de las pocas escuelas de negocios chino-occidentales que existen en China. Se trata de una joint-venture entre una escuela de negocios europea (ESEUNE) y capital público chino (municipalidad de Tianjin). Tiene su sede en el Parque Tecnológico de Zhongbei, en el distritito de Xiqing, a 35 minutos en tren del centro de Beijing. Unas modernas instalaciones inauguradas en 2014 que ofrecen al alumno un excelente entorno para su trabajo.



ESEUNE Tianjin Business School desarrolla un MBA de un año de duración, impartido en inglés, para grupos de alumnos mixtos formados poroccidentales y chinos. El profesorado utiliza metodología occidental y está formado principalmente por occidentales con larga experiencia en China.

Este MBA permite a los alumnos, tras un año intenso de estudio y prácticas en empresas, iniciar su carrera profesional en empresas occidentales que desean potenciar su negocio en China, o en empresas chinas que operan en el resto del mundo.


Una oportunidad para aquellas personas que comprendan hoy que el mañana ya ha comenzado y China será el principal protagonista.